martes, 26 de agosto de 2008

Agua Fría


Es una de esas canciones “épicas” con olor a carbón y cadencias de tren (Blues de guitarra con cuerdas roncas). Su héroe es de esos tipejos eternamente jóvenes y llenos de arrugas en el rostro que se creen los dueños del mundo porque lo usan sin pagar y además dan cátedra en cualquier esquina sobre los placeres de la vida. Apátridas y antisociales, vagabundos que se mueven en la ciudad y en el campo con la misma soltura porque no tienen nada comprometido, ni conspiran contra nada ni saben quién putas es el prójimo, es decir, bichitos desencajados. La soledad parece que es el único lujo que se permiten, y lo pagan caro. Los días duros pero felices. Sin progreso ni vueltas atrás todo es un devenir al que no le cabe nada en los bolsillos. Cuando se mueren sus cuerpos terminan, en el peor de los casos, siendo carne en caldo de químicos para estudiantes de medicina, en el mejor, bead & breakfast para moscas. Qué horror. Mientras tanto, volvemos a casa, al libro, a la compu, al CD player a subirle el volumen y bailar como tontitos.

Well I woke up this morning
With the cold water
With the cold water
With the cold water (X 2)

Police at the station
And they don’t look friendly
And they don’t look friendly
And they don’t look friendly (X 2)

Blind or crippled,
Sharp or dull
I’m reading the Bible
By a 40 watt bulb
What price freedom?

Dirt is my rug…
Well I sleep like a baby
With the snakes and the bugs.

Well the stores are open
But I ain’t got no money
But I ain’t got no money
But I ain’t got no money (X 2)

Found and old dog
And he seems to like me
And he seems to like me
And he seems to like me (X 2)

Seem them fellows
With the card board signs
Scraping up a little money
To buy a bottle of wine
Pregnant women and
The Vietnam vets I say
Begging on the freeway
‘bout as hard as it gets

Well I slept in the grave yard
It was cool and still
Cool and still
Cool and still (X 2)

Slept all night in the Cedar grove
I was born to ramble
Born to rove
Some men are searching for the
Holy Grail
But there ain’t nothing sweeter
Than riding the rails

I look 47 but I’m 24
Well they shooed me away
From here the time before
Turned their backs
And they locked their doors
I´m watching T.V. in
The window of a furniture store.

Well I woke up this morning
With the cold water
With the cold water
With the cold water (X 2)
Tom Waits

Predilección evanescente


Lo verde.
Lo apacible.
La llanura.
Las parvas.
Esta bien.
¿Pero el humo?
Más que nada,
que todo
el humo
el humo
el humo.

Girondo, Oliverio. Persuasión de los días.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Tabloides atrasados


Una maravilla de fragilidad y obsesión la de Pablito Ruiz. Del libro "Conversasiones con Picasso" de Brassai, fotógrafo.

"Me quedo solo con los seis pequeños bronces que Picasso ha sacado del "museo". Como no encuentro en este estudio atiborrado de cosas un solo paño de pared que pueda servirme de fondo, decido clavar un cartón. Necesito algunas chinchetas. se las pido a Marcel. Pero es curioso: en este crisol del arte, en el que los lienzos entran y salen por docenas, y los pinceles y los tubos de colores por centenares, por millares, no hay una sola chincheta disponible. Con evidentes muestra de disgusto, Marcel descubre y desclava algunas con su mellada navaja. Los ojos de Picasso, cuando vuelve, caen enseguida sobre las seis desgraciadas chinchetas.

PICASSO.- Son mis chinchetas...
YO.- Sí, son sus chinchetas.
PICASSO.-Entonces, las cojo...
YO.- ¡No las coja! Las necesito para el fondo.
PICASSO.-Bueno, quédese con ellas. Se las dejo... Pero tiene que devolvérmelas... Son mis chinchetas."

Recordando a Maeterlinck y a Eduardo

Las abejas se están muriendo. Dicen que por un virus. Bueno, al menos eso dice Nat Geo. Quizás se trata de otro subterfugio para justificar el ejercicio trasngénico. No lo sé. Sin embargo los productores de miel se han mostrado horrorizados. Sobre todo los asutralianos y los yanquis. Algunos científicos de esos que tienen nombres impronunciables sugieren que protejamos a las abejas africanizadas. Al parecer son las únicas que no se ven afectadas por el letal virus. Si supieran cuántas tribualaciones ha pasado el cuerpo de bomberos de Cartago a efecto de neutralizar las colmenas de abejas asesinas que tanto pululaban luego de la guerra fría. Los entendidos le llaman "the silence of the bees" o algo parecido. Pensar que hace 4 años y pico yo leía "La vida de las abejas" de Maurice Maeterlinck y me figuraba que algún día iba a tener una granja apícola. Leí ese texto mientras viejaba en bus a Ciudad Colón. A quién le importa ahora. Cerca de un 70% de nuestros alimentos dependen exclusivamente de la polinización que ejecutan las abejas. No obstante, eso me tiene sin cuidado. Podría vivir de pan y maíz, siempre y cuando los chilenos sigan produciendo vinos baratos. Lo que realmente me asusta es la posibilidacd de que con la muerte de las abejas, asistamos, sin más, a la muerte de los colores. Según las proyecciones de los mismos científicos con nombre raro, sí las abejas continúan muriendo al mismo ritmo actual, para el año 2035 en todo gringolandia no habrá una sóla abeja. Si bien es cierto, la laboriosidad de las abejas me resulta una moraleja de pésimo gusto, debo confesar que siempre he tenido gran simpatía por ellas. Sobre todo por su capacidad de fabricar colores. Nunca he sido beneficiario de una conciencia ecológica a lo san Francisco de Assis. La verdad me parece más grave la extinción de las monedas y los dialectos que la extinción de los pingüinos (debe ser porque nunca he visto uno). No obstante, el asunto de una posible desaparición de las abejas se las trae... Recuerdo que hace mucho tiempo Eduardo me sorprendió con una linda metáfora (confieso que desde ese momento no me ha vuelto a impresionar). Corría, o renqueaba, el año 2000 y el flaco hablaba de un "diente de abeja". Sencillamente me encantó. La imagen no dice nada. Lo sé bien y de cualquier modo es una imagen, no un tratado. Lo cierto es que me fascinó al punto de que aún la recuerdo. Vaya un lindo mundo el que nos tocó heredar. Ya no basta con tener (¡y todavíalos tenemos!!!!!!) gorilas en los gabinetes en vez de tenerlos en los zoológicos o en los bosques nubosos de África. Ya no basta con que el idioma se nos muera a cada tanto. Ya no basta con que nos incendien los países a fuerza de especulación. Ya no basta con que sea preciso masturbarse la duda antes de dormir. Por si fuera poco: ahora se nos mueren los colores de las flores.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Más de lo escrito al margen

Inventario de titulares

Simulacros: la mujer y el hombre. Las putas, las drogas, la democracia, los latinoamericanos, las crisis económicas, el costo de la vida y su canasta básica. Los países en vías de desarrollo, los Fideles Castros y sus Raúles, los nicas y los colombos, los turcos y los ecuatorianos, los oscar arias y sus rodrigos, los oscar, el tipo de cambio, los obispos y sus mancebos, la inseguridad social, el hambre, las moscas africanas y sus niños abombados, National Geographic, Hugh Hefner, Bono, Lucifer, Talamanca y León Trece, este blog, los automóviles eléctricos, la Tercera Guerra Mundial, la República Bolivariana, el cigarrillo en los labios de la madrugada, Bin Laden y sus infelices, los menú vegetarianos, la ley anti-tabaco el yoga y el fen-shui, la ansiedad y el desamparo, el miedo, el voto que me lo vengan a pedir. Todo con su nombre en avezada caligrafía en la ficha del fichero, todo nombre deshilachando los prejuicios y las imágenes que me tranquilizan porque sé de qué estoy hablando y hay que correr a pagar los recibos antes de que venzan.
La única causa justa: la de los maricones.
Lo único fuera del simulacro: el mundo libre creciendo en tumbas, lisiados y sueños cumplidos de la cabecita hueca de un vaquero analfabeta y simplón y todo poderoso que ya ni siquiera se toma la molestia de simular.

sábado, 2 de agosto de 2008

viernes, 1 de agosto de 2008

La Divina Paloma

Doble Filo


por Edgar Espinoza
Voy a explicar cómo funciona este Gobierno. Dentro de su particular concepción del poder, Oscar Arias no ejerce como presidente de la República sino como deidad. Por sus lauros, por tanta foto suya con celebridades mundiales y por la imagen que tiene de sí mismo, él pertenece más a un reino que a algo tan profano como un gobierno.
A su diestra, Rodrigo, el gran hermano, es su agente terrenal, el arcángel de la espada llameante que, entre pitos y flautas, baja esporádicamente a la llanura nimbado de poderes generalísimos a vérselas con este incómodo rebaño descarriado llamado país, que cuestiona, que critica, que presiona, y al que hay que sosegar para que su impertinencia no perturbe la santa paz de las alturas.
En su afán de fortalecer aún más el divino tablado, a la sazón confortable, espléndido y gratificante, en las últimas semanas el Sagrado Binomio introdujo una novedad: bendijo a Laura Chinchilla como precandidata al reino, de modo que con un poco de maná celestial y algo de suerte se pueda convertir en su prolongación ad infinitum o, al menos por cuatro añitos más, en el solio providencial.
No es difícil imaginar un día en la vida de Oscar como leyenda viviente. Por ejemplo, mientras Rodrigo se apaña con los bellacos que censuran la santa voluntad arista de pagar a gente de su círculo seráfico con fondos de arcas donde hasta el justo peca, él recibe en su templo a Mel Gibson, al Chavo o a Alejandro Sanz. Mientras Rodrigo lidia con los opositores, disimula las gracias del reino y apechuga con la feligresía disconforme, él lee a Malthus, se iguala a Rembrandt y llama por teléfono a Sarkozy o a Zapatero, para revelarles la fórmula mágica de una Unión Europea perfecta.
Se ha sofisticado tanto que ya hay más consultores que serafines en su seno. Se ha encumbrado tanto que ya no le desvelan los enredos de palacio. Se ha aquerenciado tanto con el poder que cuando visita otros reinos ya no le delega el suyo a la vicepresidenta. Se ha vuelto, en fin, tan quisquilloso, que hasta parece tener heraldos en la prensa a su servicio.
Y cuando entre arpas y trompetas desciende (los pitos y flautas son para Rodrigo), sobreviene de inmediato la transubstanciación: disfrazado de bombero, chef o lo que le encaramen, firma decretos; se autoglorifica con cadenas nacionales de televisión pródigas en imágenes de su apostolado, y besa con rostro mesiánico a su grey, la misma que, aún con la mano extendida, espera hechos y no discursos.
Pero no hay nada que hacer. Oscar está tan entretenido en su nube, que ya ni escucha las súplicas para que gobierne en vez de reinar, para que aterrice en vez de soñar, para que se sienta ser humano en vez de mito, y para que hunda sus manos en las urgencias del país en vez de pavonearse entre el protocolo y la lisonja, la foto y el halago, la adoración y el espejo.