jueves, 26 de marzo de 2009

El escritor frustrado y el salero o Ficción Porteña Rebuscada

Viajó nuestro héroe muchos kilómetros lejos de todo lo que le resultaba algo familiar para buscar algo que no tenía claro. Quizá inspiración, quizá una alquiler más barato, quizá una cerveza de mejor sabor o un happy hour a las 11 de la mañana. Fragmento. Como la mayoría de las oraciones que redactaba. Una mierda. Se sentó a la mañana del séptimo día de su periplo a la mesa a tomar su desayuno y se dio cuenta de que ni siquiera había sacado la libreta de apuntes y un lápiz. Sólo andaba la cámara y el pasaporte a mano. Entonces los puso frente a él mientras bajaba un café de 3ra categoría. En eso, miró su salero, allí juntito al plato con el desayuno humeante. Lo miró fijo sin hacer nada, sin pensar nada, sin escribir nada. Vio por la ventana el desfile de las 8 a.m con los automóviles, los pasantes indiferentes y el sol que se escurría por las persianas... Persia pensó... sería insipirador pensó. En ese momento el salero saltó y ensayo una suerte de baile frenético y le dijo: "dejate de joder y mejor ponéle sal a tus huevos que se enfrían; igual allá que aquí, buena falta que te hace". Inmediatamente, se detuvo y quedó de nuevo inmóvil. El escritor frustrado lo movió y le habló pero nada. El salero no hizo mayor cosa. Así, lo tomó por la cintura y lo puso de cabeza sacudiéndolo mientras echaba sal a sus tibios huevos. Tomó su desayuno y anotó unas líneas en su libreta. Seguidamente, guardó la libreta, el lápiz y el salero en su mochila, miró de reojo las persianas y salió a la calle murmurando entre dientes: "salero hijo de puta".

4 comentarios:

C.A. Fallas dijo...

Buenísimo viejo, a ver si te traés el salero y nos habla a todos un rato!!!!!

Jenaro Comemaíz dijo...

Está buenísimo!! Ojalá que al escritor frustrado no le roben el pasaporte por andarlo siempre con la cámara

Jenaro Comemaíz dijo...

PS. O ese otro escritor frustrado cuyos textos no se publicaron, el que luego se hizo un blog donde nadie comentaba, el mismo que se metió a jugar de estrella justo antes de morir intoxicado con barbitúricos

Pelele dijo...

Después de todo, la nota positiva del relato es que pa ponerle sal a los huevos... hay que tenerlos. Esa constatación no de ja de ser importante.
Tibios, los huevos tibios, y sal de salero.

Me gustó un toco che!
"salero más hijo de puta", la tragedia en el fondo siempre es una comedia